Últimamente, el Rock en Español vive una reinvención bastante peculiar. Tiene que ver, en primera instancia, creo yo, con sobrevivir a esta era digital de estadísticas registradas en plataformas virtuales que claramente desplazaron a los CD’s, aquellos que marcaban el éxito y la popularidad de las bandas de Rock nacidas a finales de la década de los 80’s y principios de los 90’s. Años más tarde, estas agrupaciones se enfrentarían a la competencia del mismo reggaeton, que comenzó a acaparar los oídos del público juvenil y a competir de manera significativa con aquel movimiento que marcó la vida de millones llamado “Rock en tu idioma”.
Todo esto parece confirmar que el Rock, en especial el mexicano, debe aludir ciertamente a su origen, que tomó fuerza en la rebeldía, la exploración y la expresión tácita de lo vivido en los contextos sociales contemporáneos de un México permanentemente convulso. Este movimiento de Rock en tu idioma creció, como muchos —o si no es que la mayoría—, en el antes llamado Distrito Federal, con bandas que valerosamente se arriesgaron a plantear lo que pensaban o, por lo menos, lo que transcurría en el imaginario colectivo. Sin pensarlo ni saberlo, fundarían himnos transgeneracionales para cimentar al Rock como ahora lo conocemos.
La CDMX no fue el único epicentro de la confabulación del Rock nacional. Si bien es cierto que la cercanía que comparte con el Estado de México define en gran medida su conexión social, política y económica, esto también influyó en el despliegue del Rock durante los últimos 40 años. Gran cantidad de gente al interior de la República tiene la idea de que todo se desarrolló en la capital de nuestro país.
Esta idea no pretende, de ninguna manera, plantear una pugna territorial sobre el desarrollo del Rock. NO. Va más allá. Se trata de reconocer, en su justa dimensión, las aportaciones que se hicieron en el plano nacional y, en muchos casos, internacional. Lo que significa que dichas aportaciones del Estado de México para con el Rock tienen sus propios matices, raíces, estilos y, por supuesto, razones, diría yo… En consecuencia, hacer un intento de remembranza de bandas de Rock fundadas en los municipios que pertenecen a la entidad mexiquense vale mucho la pena.
Por tanto, en esta entrega integré sólo algunas bandas que me di a la tarea de estudiar desde su origen y causa dentro del Rock mexicano y que colocaron al Estado de México en el mapa de talentos. ¡Venga pues! Café Tacvba, ¿quién chingados no ha escuchado a este cuarteto naucalpense por lo menos una vez? Rubén, Quique, Joselo y Meme se arriesgaron a nacer sin una extremidad típica del Rock: la batería.
Pero la suplieron con tintes 100% mexicanos e irreverencias que, mezcladas con un talento inaudito, le dieron identidad al movimiento. Fueron precursores totales de la conexión del Rock en Español con el Estado de México.
Para 1989, año en el que su surgimiento fue tan disruptivo como enigmático, se convirtieron en un antecedente inmediato de la conquista de espacios más allá de lo tradicional. Sus videoclips son fuente de inspiración para todas las “camadas” de bandas a nivel mundial. Hoy viven un impasse que la crítica califica como innecesario, aunque algunos de sus integrantes continúan “rockeando” de manera independiente o con otros proyectos dentro de la escena.
Directo desde Ciudad Satélite, donde precisamente acaban de recetar una sesión fotográfica inigualable en las icónicas “Torres de Satélite”, y en una paradoja que muy pocos entienden, está San Pascualito Rey, celebrando sus 25 años de carrera y despidiéndose indefinidamente también. Fieles a su estilo dramaturgo, Pascual, Juan, Chepo, Vicente y Giancarlo emprenden un “hasta siempre”. San Pascualito Rey encuentra su origen a través de una brillantez artística que pocas veces abandona el mexicanismo. Es una banda que lo tiene todo: Rock, poesía, sintonía y demasiados sentimientos. Rasgos que amalgama, de igual estilo, el multifacético Estado de México. No salgamos de Naucalpan, porque de esta municipalidad se lanzan los traídos desde otra época.
Los antes llamados Dildo, para más tarde mutar a su nombre de pila: DLD. Una agrupación que ha atravesado distintas etapas, siempre con una propuesta fresca y adaptada a su tiempo y circunstancia.
Paco, Erik, Pijey y ahora también Gil y Sergio se dedican a revolucionarse a sí mismos y a incluir en su repertorio himnos con los que muchos crecimos. Pueden presentarse desde auditorios locales hasta grandes sedes, conquistando las taquillas y, sobre todo, llevando ese toque de Rock mexiquense en sus bolsillos.
La otra tarde conversaba con un amigo músico experimental y coincidíamos plenamente en que Satélite fue y es para el Rock’n Roll en Español lo que Seattle para el grunge en la Unión Americana. Así de fuerte la comparativa. Este viaje que estamos emprendiendo no puede ser posible sin que, en la tripulación, hablemos de un hombre llamado Luis Álvarez, nativo de “Tlane” (sí, así, sin la segunda L que lleva el nombre completo del municipio: Tlalnepantla). Este intrépido y legendario rockero, apodado por circunstancias consuetudinarias como El Haragán y CIA, fundó más que una agrupación. Encabezó un movimiento que dio forma al Rock urbano para terminar materializándolo en rapsodias, muchas veces crudas, de la sociedad mexiquense.
Al Haragán se le debe la concepción del Rock como un hecho de esfuerzo y perfeccionamiento. Pero, sobre todo, la idea de que el talento es el motor del todo. Prueba de ello son más de tres décadas rocanroleando, llenando desde el Auditorio Nacional hasta centros recreativos en el barrio —el santuario: Centro Cívico de Ecatepec, por ejemplo—. El Haragán salió del Estado de México para conquistar el planeta.
Ya que estamos en la senda del Rock urbano y también en Tlalnepantla de Baz, hablemos de la mismísima Banda Bostic, que hace no mucho vio partir a su piloto fundador, el “Guadaña”. Su partida dejó un hueco imposible de llenar después de encabezar una lucha muy larga por el Rock en nuestro idioma.
Así, la colonia “La Blanca” también vio crecer un proyecto que sería exportado a cada coordenada de nuestra nación, motivado por radiografías que identificaron a vándalos del barrio mexiquense que enfrentaron la dura vida de la migración hacia los Estados Unidos. “Viajero”, sin duda, se escuchará más fuerte por otros 30 años o, poniéndonos más profundos: se escuchará en la eternidad.
De entre Tlalnepantla y Ecatepec, municipios hermanos y titanes del Estado de México, salen de su guarida Los Garrobos, con un estandarte de Rock potente que ha recorrido todo el país y también coordenadas internacionales.
Uno de los principales activos de esta agrupación es el genio musical y consolidado productor de bandas Underground que ha dedicado gran parte de su vida a la promoción y apoyo del Rock’n Roll: su baterista Israel Olguín, el “BamBam”, fundador de este sello discográfico que lleva orgullosamente su apodo.
Fue en Atizapán de Zaragoza donde se empezó a hablar de “New Metal”, un subgénero que sonaba fuerte a finales de los años 90’s y principios de los 00’s, cuando las propuestas en Español eran escasas y se necesitaba encontrar una identidad para crear cosas propias.
Así, la propuesta de Resorte pudo crecer y crecer hasta llegar a la talla “XL” —nombre de uno de sus mejores álbumes—. Con un imponente grito, “Aquí no es donde”, hizo que toda una nación supiera que el metal también se fundía en tierras mexiquenses.
Dos voces igual de fuertes que sus acordes, Juan y Tavo —el segundo, lamentablemente, ahora está tocando en el más allá—, armaron y desarmaron la maquinaria de Resorte. Como dato curioso, en una de sus alineaciones contaron con Pato Machete.
Afinando producciones discográficas, una siempre mejor que la anterior, últimamente se presentan con una nueva imagen. Esta agrupación sigue con el cántico: “Banda, el Resorte está de vuelta”. Paralelamente, también de la conocida Ciudad López Mateos y con un sonido bastante estridente, encontramos a Secta Core, atizapenses de origen oscuro y vibrante. Esta escuadra de Ska conjunta sonidos fuertes y rítmicos, rompiendo esquemas hasta en el mismo Ska. Siempre cerrando las tocadas, porque lo poderoso siempre se guarda para el final.
Es obligatorio recomendar, por la calidad de la presentación, un concierto en el magnánimo “Foro Alicia”, llevando a la cúspide con orgullo a la entidad mexiquense bajo el grito: “¡todos bienvenidos a la zona del terror!”
The Cavernarios, una banda de surf garage que lleva puesta la urbanidad como una chamarra de mezclilla, emerge desde Cuautitlán Izcalli.
Esta banda ha detonado en el “Estadio GNP”, en el Vive Latino 2017, para después regresar al barrio y hacernos recordar que el Rock se vive en todas partes. Este cuarteto subió al “ring” al surf mexiquense, arrebatándole el misticismo chilango que el subgénero mantuvo cautivo desde su aparición.
En el también llamado “Tu casa entre los árboles” —traducción de nuestro náhuatl de Cuautitlán Izcalli— emergió el proyecto que, en su primer episodio, tuvo el nombre de Lady Lane, para poco tiempo después convertirse en lo que hoy se presenta como Camilo Séptimo. Esta agrupación tomó las corrientes del Rock alternativo para hacer mutaciones de Indie y aventurarse en una embarcación que posteriormente otras bandas siguieron como ejemplo. Su esfuerzo y propuesta son vigentes a la fecha. Se les ve en festivales nacionales e internacionales y, ya con cuatro álbumes de estudio y multigalardonados, Camilo Séptimo continúa su andar y posicionamiento.
Nos trasladamos en “combi” y, si se puede, en Metro al Oriente del Estado de México, con las mismísimas Víctimas del Doctor Cerebro. Oriundos de la heroica Ciudad Nezahualcóyotl, llegaron para conquistar todo el territorio nacional, mezclando un show en el escenario sin igual con un melódico estilo que los mantiene presentes hasta estos días.
Abulón, Chipotle, Ranas, Tuco, Paolo, Julián André y Carloz, tan folclóricos como sus nombres artísticos, nos han hecho “mover el esqueleto” desde finales de la década de los 80’s. Lo que parecía ser un proyecto familiar terminó siendo música para la posteridad.
En la península del Estado de México, el corazón del Oriente, precisamente en Texcoco y desde la colonia “ISSSTE”, se exportó un proyecto de lo más genuino llamado Tex Tex, reformulando el Rock urbano con raíces de los nacionales y muchísimo humor.
Los Tex Tex, o “Los Muñecos”, nos han demostrado que, a pesar de las adversidades, el Rock’n Roll nos da vida. Entre sombreros y acordes han pasado casi 40 años de hacer “Rock ejidal”. Lalo Tex contempla su legado desde el cosmos, siempre entre risas y la mejor vibra. Si bien es cierto que su nombre proviene de una estancia que tuvieron en el municipio de Texcoco, sus orígenes se remontan también a San Juan Ixtenco, Tlaxcala.
En la época del Indie mexicano emerge Odisseo, quienes también han viajado por el New Wave, insertándose de manera natural en el espectro nacional. Originarios de Ecatepec de Morelos, la banda se curtió en los telones y desde su trinchera representa la que quizás sea la última oleada de bandas de Rock en Español que han luchado por espacios.
En otra entrega hablaremos de la línea del tiempo del Rock en Español: origen y destino. No solamente la creación de bandas, sino también el crecimiento y desarrollo de la industria musical en la escena del Rock mexiquense hicieron que pudiéramos disfrutar, estudiar y analizar la escena en el Estado de México. La labor del periodismo y la comunicación fue y es trascendental para poder defender nuestra identidad frente al Rock.
Bajo esta premisa, me permito traer a cuatro grandes del profesionalismo comunicacional: dos mujeres y dos hombres. Desde su aparición en Órbita, el timbre de su voz portaba un bagaje de conocimiento musical. Olivia Luna es una de las voces más autorizadas para hablar de la escena del Rock’n Roll en Español. En todas sus participaciones desde la locución es un referente obligado de entrevistas y documentales.
Su llegada a Telehit con las entregas semanales del programa “Región Ñ”, su paso por Reactor 105.7 —entre otras participaciones en estaciones de radio— y ahora la fundación y dirección de la radiodifusora por Internet Ruido Blanco, una alternativa de radio online, son testimonio de su entrega y profesionalismo para hacer de la escena algo único.
Luna es una de las pocas periodistas especializadas en Rock en nuestro país. Con dominio pleno de la radio y la televisión, es sinónimo de confianza y veracidad.
En representación de la juventud está la egresada de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, de la carrera de Comunicación, Zaira Padrón, quien logra conectar desde la locución datos tanto
trascendentales como icónicos con lo que ocurría en la atmósfera del Rock.
Su participación en Reactor 105.7 con el programa “Cuando el futuro nos alcance” fue una frecuencia obligada todas las mañanas para conocer nuevas bandas, enterarse de eventos y escuchar crónicas
rockeronas.
Estas dos féminas hacen justicia a la participación de las mujeres en el espectro del Rock mexiquense, en razón de tener escasos casos de aparición. Algo se debe hacer, pues sin duda talento hay en tierras mexiquenses. En un asunto bastante digital, pero íntimo, se encuentran las entrevistas del también músico y comunicólogo Javier Paniagua. La interacción que tiene con los artistas —no solamente del mundo
del Rock— nos permite encontrar esos puntos finos que nos invitan a saber qué es lo que pasa en las historias musicales, donde muchas veces nosotros, los fans, no tenemos acceso.
La evolución de Paniagua no va solamente en el entorno tecnológico ni de imagen, sino también en las preguntas sumamente estructuradas que logra insertar en los diálogos con los entrevistados. Sus
contenidos no tienen desperdicio y son de consulta enriquecedora. Su categoría de músico profesional le da ese “plus” a la conversación. “Crónicas de una realidad alterada” es un viaje al pasado con una visión al futuro. Así se titula el libro
que, durante el 2024, entregó Rogelio Garza para hacernos entender que cada quien vive el Rock y sus circunstancias de manera única e irrepetible.
Más allá de documentar una época, es una narrativa de cómo nuestra realidad puede tener diversos soundtracks. Ellas y ellos cuatro, oriundos también de la extensión del Valle de México, con correspondencia en
territorio mexiquense, ya sea por patria y provincia o por formación académica.
Todas estas bandas y personajes han escrito las páginas del Rock en el intempestivo y hermoso Estado de México. Son responsables, en gran medida, de que el género se haya desarrollado y
alcanzado los niveles que todos conocemos. Pero, al mismo tiempo, hacen posible que nuestro amado género sobreviva.
Más allá de todo, las y los aludidos en la presente entrega son origen y destino. No dejan de ser parte inseparable de nuestra identidad, embajadores vivientes y luchadores incansables de la cultura
musical. Estoy seguro de que en esta entrega hicieron falta homenajear muchas otras voces y expresiones.
Pero hagámosles justicia, sin titubeos ni regateos. Difundamos su obra. Defendamos nuestros orígenes.
Porque al final… el Rock es una batalla.
Nota del editor
Alejandro García Olmos es consultor y analista político, especialista en temas de gobierno y participación ciudadana. Cuenta con estudios en Derecho, Sociología, Ciencias Políticas y Administración Pública.
Ha participado en los tres niveles de gobierno, particularmente en áreas de innovación y participación ciudadana. En
esta entrega incursiona en otra de sus grandes pasiones: el Rock.
Puedes encontrar al autor y seguir sus publicaciones en Facebook e Instagram como Alejandro García
Olmos, y en X como @AleGaOlmos.

