Por: Alejandro García Olmos
El historiador poblano Fritz Glockner alude:
«La máxima de la izquierda es que sea irreconciliable consigo misma», y suscribo: los embates de la izquierda mexicana, en gran medida, comienzan su gestación, desde pugnas internas, más que en ataques de la derecha, nuestra historia nacional da testimonio de ello.
Siempre he creído que, para que un aparato ideológico tenga un funcionamiento real, se debe partir del plano local, desde una estructura territorial que escale en las extensiones territoriales. La prueba de ello es la cobertura que AMLO tuvo de manera presencial en más de 2,400 municipios de México, tan solo en la campaña del renacer de la izquierda y la fundación del Movimiento de Regeneración Nacional.
Por ello, cuando la izquierda reciente fue capaz de competir y ganar elecciones locales, conquistando ayuntamientos, la obligatoriedad de trasladar el discurso a las realidades (políticas públicas) fue automática.
Gobernar municipios con principios de izquierda va más allá de un mensaje repetitivo o de la congruencia en el andar político. Tiene que ver con estrategia, planes de gobierno, programas sociales, medición de resultados, evaluaciones y toma de decisiones que impacten de manera positiva en el día a día de la ciudadanía.
El primer contacto con el ciudadano es con el gobierno municipal. Ahí empieza la verdadera operación electoral: el nacimiento de la percepción positiva o negativa, el reconocimiento o el castigo en las urnas, tiene su origen en esta intrínseca relación, ciudadanía vs gobierno local.
Hay ejemplos del andamiaje estructural tejido desde la municipalidad; el caso de Tecámac da cuenta de ello: bajo las dos administraciones de la hoy senadora por el Estado de México, Mariela Gutiérrez Escalante (2019–2021 y 2022–2024), se deja un antecedente inmediato de una estrategia tangible de izquierda; servicios públicos de calidad, avances en materia de seguridad pública y programas sociales incluyentes y efectivos son un precedente para el actual estudio y análisis de la reciente administración pública local. Es decir, sí es posible ser eficiente desde la izquierda.
Las y los presidentes municipales, junto con los cabildos que emanan de la izquierda, deben profesionalizarse y solucionar las problemáticas sociales. La izquierda no es sinónimo de inoperancia; por el contrario, es la cristalización de un proyecto político progresista e incluyente. Luchar siempre será indispensable, pero dar resultados es determinante.
Hoy, con el PLAN B que propone el Ejecutivo nacional encabezado por la presidenta Sheinbaum, la izquierda local tiene la inminente posibilidad de combatir el nepotismo, reducir el gasto de la burocracia y convencerse de que los gobiernos locales son el principio de un camino asfaltado o de una senda de terracería. No encontré una mejor analogía.
Alejandro García Olmos es consultor y analista político, especialista en temas de gobierno local y participación ciudadana. Cuenta con estudios en derecho, sociología, ciencias políticas y administración pública. Dentro de la administración pública ha participado en los tres niveles de gobierno, en áreas de innovación y participación ciudadana.

