Por Israel MONTOYA
¡EL CINISMO DE DANIEL SERRANO!
Por meses, el gobierno de Daniel Serrano Palacios ha intentado construir una narrativa de éxito en materia de seguridad.
La más reciente maniobra de propaganda oficial asegura que en Cuautitlán Izcalli hubo una reducción del 100% en denuncias por violencia de género durante 2026. Sí, según el boletín municipal, prácticamente desapareció el problema.

Pero la realidad es muy distinta. Lo que el ayuntamiento no explicó es que desde enero de 2026 hubo cambios en la clasificación y registro del delito “Violencia de género en todas sus modalidades distinta a la violencia familiar” dentro de las bases estadísticas del SESNSP. El resultado fue que los registros aparecen en ceros de manera generalizada en municipios del Estado de México y del país.
Es decir; no desapareció la violencia; desapareció la forma en que la estaban contabilizando. Y aun así, el gobierno municipal decidió presumirlo como un logro histórico.


Eso no es transparencia. Eso es manipulación política. Porque mientras miles de mujeres siguen enfrentando agresiones, amenazas y violencia cotidiana, el gobierno de Izcalli optó por utilizar un tecnicismo estadístico para vender una falsa percepción de éxito. Un acto de cinismo absoluto que busca engañar a la ciudadanía y maquillar una realidad que todos conocen; la inseguridad en Cuautitlán Izcalli sigue siendo una de las principales preocupaciones de la población.
Lo más grave es que esta estrategia propagandística proviene de una administración que ya arrastra una fuerte crisis de credibilidad. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, el gobierno de Daniel Serrano fue ubicado entre los peores evaluados, es decir, “el peor” alcalde del país en percepción de efectividad gubernamental, con niveles de desaprobación superiores al 90%.
Mientras la ciudadanía percibe abandono, inseguridad y servicios deficientes, el gobierno municipal parece más preocupado por fabricar boletines triunfalistas que por resolver los problemas reales.
Y ahí está el fondo del asunto, cuando un gobierno necesita presumir “cero violencia” gracias a cambios administrativos y no a resultados tangibles, lo que realmente queda en evidencia no es su eficacia… sino su desesperación y cinismo de mentir.
La violencia de género no se erradica borrando categorías estadísticas ni redactando boletines optimistas desde Comunicación Social. Se combate con resultados, políticas públicas serias, atención a víctimas y credibilidad institucional.
Y precisamente eso es lo que hoy más le falta al gobierno de Cuautitlán Izcalli.

