En los pasillos del Ayuntamiento y entre personas cercanas al presidente municipal ya no es un secreto; el poder le cambió la actitud. Los comentarios internos hoy son una percepción compartida por la ciudadanía, que observa con sorpresa cómo el discurso de austeridad contrasta cada vez más con una conducta marcada por el lujo, la distancia y una evidente actitud de nuevo rico.
No se trata solo de una chamarra de más de 26 mil pesos. Quienes conviven con él señalan que son varias prendas, marcas recurrentes y un estilo de vestir que dejan ver un clóset claramente valioso, muy lejos de la austeridad que MORENA presume como bandera. El problema, subrayan incluso desde su propio entorno, no es que sea aspiracional, sino la actitud de nuevo rico que ha comenzado a marcar su trato cotidiano.
Trabajadores del Ayuntamiento y ciudadanos que han tenido contacto directo coinciden en la misma percepción; hay distancia, hay soberbia y una forma distinta de pararse frente a la gente. La poca cercanía que había se diluyó y fue reemplazada por gestos y posturas que reflejan más a un funcionario deslumbrado por el cargo que a un alcalde conectado con la realidad de su municipio.
En los pasillos del gobierno local se habla abiertamente del llamado “síndrome del nuevo rico” o del hubris del poder. No como diagnóstico médico, sino como una descripción clara de lo que ocurre cuando el acceso rápido al poder termina por desconectar a quien gobierna de quienes lo pusieron ahí.
Hoy el problema ya no es la ropa ni las marcas. El problema es que la percepción negativa se instaló, primero dentro del Ayuntamiento y ahora en la calle. Y cuando eso ocurre, ningún discurso de austeridad alcanza para tapar lo que la ciudadanía ya ve todos los días.