#Columna #Opnion #OtrosDatos #CuautitlanIzcalli
Por Israel MONTOYA
Mientras algunas encuestas intentan mostrar a Daniel Serrano bien posicionado rumbo a una posible reelección, la realidad que viven miles de izcallenses parece contar una historia muy distinta.
Porque la encuesta que realmente importa no está en los números, sino en las calles de Cuautitlán Izcalli. Está en las familias que siguen padeciendo la falta de agua, en quienes han sido víctimas de robos, cristalazos o del robo de sus vehículos, en las mujeres que se sienten inseguras y en los vecinos que todos los días esquivan baches y observan obras que poco o nada han cambiado su calidad de vida.
También está en las familias de personas desaparecidas y en los ciudadanos que sienten que el gobierno municipal cada vez está más lejos de la gente y más cerca de los discursos.
Daniel Serrano ha demostrado que le resulta más fácil echar culpas que asumir responsabilidades. Cuando hay críticas, la culpa es de otros; cuando hay cuestionamientos, el problema son los medios. Sin embargo, los problemas siguen ahí y los resultados no terminan de llegar.
Más allá de lo que diga cualquier encuesta, la percepción ciudadana se construye todos los días. Y cuando falta el agua, aumenta la inseguridad y los servicios públicos no mejoran, difícilmente se puede hablar de un gobierno exitoso.
Al final, la mejor encuesta sigue siendo la de la calle. Y esa, al menos hoy, parece reflejar más molestia que aprobación hacia un alcalde que no ha logrado responder a las expectativas de muchos izcallenses y para quien, según cada vez más voces, Cuautitlán Izcalli le quedó grande.


